CAMAGÜEY.- Los jóvenes tienen mucho que decir. La pregunta es ¿cuánto se les escucha? o ¿cuánto hacemos para que hablen? A partir de una foto jóvenes del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Máximo Gómez Báez debían crear una historia en pocas líneas. Algo breve y real. Algo que naciera de ellos sin usar IA.

Los muchachos necesitan hablar, necesitan motivaciones que al final encuentran en lo más simple, por ejemplo, una foto. Solo hay que ayudarles a mirar más allá, a detenerse, porque a veces se necesita solo eso: calma para encontrar lo hermoso en lo cotidiano.

Fotos: María Félix García Posada/Estudiante de PeriodismoFotos: María Félix García Posada/Estudiante de Periodismo

SUS MANOS

Él tiene sus grandes manos

agotadas por el tiempo.

Él tiene en sus viejas manos

una historia por cada arruga.

Él tiene en sus sucias manos

un abrazo, un cuento, un mundo.

Él tiene en sus negras manos

a un niño que soñó un día.

Él tiene en sus pobres manos

a un hombre que lucha cada día.

Él no tiene limpias manos 

pero tiene un alma limpia.

Él no tiene lindas manos

pero tiene en sus manos

la historia, una historia

su historia.

Daylet Marian Izquierdo Bonet, grupo 202.

DON AURELIO

A su alrededor, el mundo avanzaba muy rápido. La gente pasaba sin verlo, envuelta en su propio apuro. A veces alguien giraba la cabeza un instante, pero enseguida volvía a perderse en la prisa del día. Don Aurelio, en cambio, parecía atrapado en una burbuja silenciosa, contando no solo dinero, sino también los días, las batallas y recuerdos. Y aún así, había algo invencible en él. Una dignidad tranquila que no necesitaba palabras. Porque en ese gesto cotidiano se escondía una fuerza discreta, casi sagrada: la voluntad de seguir adelante, incluso cuando el mundo parecía no detenerse jamás a mirarlo.

Sofía Nordelo Peña, grupo 203.

ENTRE RUINAS Y ESPERANZA

La niña avanzaba agarrada a la mano de su abuela, mirando los restos de la vieja calle con ojos curiosos. A pesar del derrumbe, ambas caminaban tranquilas, confiando que todo volverá a levantarse algún día. El sol iluminaba el polvo en el aire, como recordándoles que siempre queda un poco de luz. Y así siguieron, dejando atrás las ruinas, pero llevando la esperanza con ellas.

Daniela Carballo Guerra, grupo 203.

MIENTRAS QUEDE MEMORIA

El niño camina por el muro del malecón sin darse cuenta de que cada paso es un recuerdo que ella quiere guardar. Él ríe sin pensar que el tiempo se puede acabar. La abuela lo sostiene con cuidado, temiendo que algún día no pueda recordarlo todo. Lo mira con amor y un poco de miedo, porque sabe que le queda menos tiempo del que quisiera. Y mientras él avanza, ella traga el miedo en silencio, deseando que él recuerde este día cuando ella ya no esté.

Melany Socarrás, grupo 203.

EL MURO

El antiguo muro desgastado por la sal y el tiempo aún vigila el malecón. En él se encuentra el mosaico de nuestra bandera, cuentan que fue añadida por un viejo artista para recordar que a pesar de las tormentas el espíritu de la isla sigue en pie. Desde este no solo se escucha el rugido del océano, sino también el eco de incontables historias, de despedidas susurradas, de promesas de regreso y de eterna esperanza de un nuevo amanecer que siempre navega en el horizonte.

Wendys Luis Marchall, grupo 203

AÑORANZA

En mi sangre llevaba a Cuba y lo di a mostrar en los momentos de mi infancia y esos pequeños espacios donde me encontraba con mis amigos y jugaba bolas. No puedo negar que discutíamos pero a pesar de nuestras diferencias siempre terminábamos con una sonrisa en el rostro y el corazón rebosante y holgado de alegría. Aún recuerdo mi llegada a la casa, completamente sucio, lleno de tierra y deudas. Mi madre me surtía la regañina y mi padre me dejaba el dinero escondido bajo la mesa sin que se percatara mamá. Mientras me divertía en esas calles conocí a la nueva del barrio y me enamoré a primera vista. Ese fue mi primer beso. Y viví. ¡Lo hice bien!, con mi familia, la que elegí y la que me vio crecer, ser persona, ser quien soy. Entonces sí. En Cuba soy feliz.

Melany García Rodríguez, grupo 203