CAMAGÜEY.- A sus 73 años, Emma Mondeja volvió a contonearse como entonces. Frente al público reunido en el Lucem Café, recuperó la picardía de aquellos monólogos que alguna vez acompañaron las funciones del Circo Miriam y cerró su intervención con unas décimas. Por un instante, la hija de aquella familia circense pareció regresar a la carpa donde nació.
«Cuando venga la encarnación, de nuevo voy a ser artista de circo, y trapecista», confesó esa tarde. Y resumió en otra frase una vida entera bajo las lonas: «El circo es la familia más linda que hay».

Emma fue una de las voces del conversatorio que antecedió al estreno de Más allá de la Carpa: Memorias del Circo en Camagüey, documental de 20 minutos dedicado a la historia del Circo Areíto, que llegará al público como parte de la gala por su aniversario 50.

Con guion de Mayra González y dirección de Marianne Portuondo, Víctor Pando y Alexis Peña, el audiovisual será estrenado el próximo jueves 17 de septiembre, a las 2:00 p.m., en el Teatro Avellaneda, durante la celebración dirigida por Lisbey Galindo «Poty».
El encuentro en Lucem Café, moderado por el teatrólogo Leonardo Leyva, permitió acercarse a varias de las historias que alimentan la memoria del documental. Alexis Peña explicó el camino seguido para reconstruir ese pasado, mientras Félix Pérez Sarduy —uno de los fundadores de Areíto— hablaba desde el conocimiento de quien todavía sabe cómo levantar una carpa pieza por pieza.
Pérez Sarduy, conocido como El Caballero de la Onda Aérea, fue uno de los artistas formados sin escuela que integraron el circo camagüeyano. Hijo del reconocido payaso Palillo, llegó profesionalmente a Areíto como empleado y después se convirtió en artista. Hoy continúa vinculado al colectivo y, entre otras tareas, participa en el armado de la carpa.
Junto a él estaba Emma Mondeja, también fundadora de Areíto y heredera de una tradición anterior: la del Circo Miriam, antecedente de los circos privados en Camagüey. «Nací en el circo, entre el fango y la yerba, como era el circo», recordó. Su madre realizaba sketches y llevaba las cuentas; su padre era prestidigitador. Fueron 12 hermanas.
«Pero a mí lo que me gustaban era la altura», contó Emma. La pasión la llevó hasta el trapecio y también hasta uno de los episodios más difíciles de su trayectoria: durante una estancia en la Unión Soviética sufrió una caída desde un trapecio situado a 18 metros de altura. Sobrevivió, se recuperó y volvió a hacer lo que sabía hacer: circo.
Su testimonio enlazó, así, dos dimensiones de la historia que el documental pretende conservar: la memoria de quienes hicieron del espectáculo un modo de vida y la continuidad de una tradición que ha encontrado nuevas generaciones.
El propio «Poty», malabarista y director de Areíto desde 2020, destacó durante el conversatorio el acercamiento de jóvenes interesados en el arte circense. Esa renovación resulta especialmente significativa para un colectivo que durante décadas debió sostenerse aun cuando perdió uno de los elementos esenciales de su imaginario: la carpa.
El Circo Areíto fue constituido el 17 de septiembre de 1976, con una carpa de cuatro palos que ayudó a levantar Félix Pérez Sarduy. En su fundación confluyeron artistas procedentes de la tradición circense sin formación académica, algunos de ellos vinculados anteriormente a las carpas particulares y al proceso de intervención revolucionaria de los espectáculos privados ocurrido entre 1959 y 1968.
Pero en la década de 1990 llegó uno de los momentos más complejos. En 1994, la antigua carpa dejó de existir, vencida por la humedad y el salitre. La pérdida de aquella estructura fue también la pérdida de un espacio propio. Los artistas tuvieron que continuar en polivalentes, plazas, teatros y otros escenarios, mientras algunos fundadores se retiraban y otros buscaban nuevos caminos.
La investigación de Armando Taupier ha permitido documentar esa etapa y comprender que no desapareció solamente una lona: se resintió una forma de vivir y compartir el espectáculo, una casa itinerante que durante generaciones había reunido a artistas y espectadores.
Por eso el regreso de una carpa en 2025 tuvo un significado que trasciende lo material. Levantada en el Casino Campestre bajo una lona azul, roja y verde, la nueva estructura devolvió a Camagüey una imagen largamente esperada. Es más pequeña y modesta que aquella del pasado, con una capacidad inicial para 268 personas, pero recupera algo esencial: la posibilidad de entrar a una carpa y volver a encontrarse con el circo.
Su construcción fue resultado de la articulación entre artistas y técnicos del colectivo, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, la Empresa Cometal, el Centro Provincial del Libro y la Literatura y la llegada, en 2024, de materiales procedentes de La Habana. La intención es que pueda crecer progresivamente, de manera autogestionada: silla a silla, grada a grada, metro a metro.

En el público del conversatorio estaba también la escritora y artista plástica Luisa Morell, autora de Gente de circo, publicado por la Editorial Ácana en 2001. Aquel libro reunió testimonios de integrantes de la familia del Circo Miriam, a quienes Morell conoció primero como vecinos y que terminaron formando parte de su propia historia familiar.
También asistió Adiel Morales, conocido como Payaso Cebollita, quien durante el aniversario 44 de Areíto impulsó un homenaje a antiguos artistas circenses camagüeyanos que todavía estaban vivos. Desde su experiencia, dejó una certeza: «No hay espectáculo en el mundo que se compare con el nivel de convocatoria del espectáculo de circo».
Por eso Más allá de la Carpa no será solamente una película sobre un aniversario. Su título apunta hacia lo que permanece cuando una lona desaparece: los nombres, los accidentes, las risas, las familias, los oficios aprendidos de generación en generación y la memoria de quienes siguieron entrenando aun cuando ya no tenían dónde presentar el espectáculo.
Este 17 de septiembre, cuando Areíto cumpla medio siglo, el Teatro Avellanera volverá a ser un escenario para la compañía. Y allí estarán también, de alguna manera, quienes levantaron el circo por primera vez.
