CAMAGÜEY.- Sobre sus hombros, la alborada: poesía camagüeyana dedicada a Fidel Castro reúne textos de 29 autores en un libro que, más allá de la conmemoración, deja constancia de las distintas maneras en que una figura histórica puede instalarse en la memoria y transformarse en poesía.
Hay hombres que pertenecen a su tiempo. Otros terminan perteneciendo también a la memoria de quienes vienen después. El 13 de agosto de 1926 nació en Birán uno de esos hombres cuya vida acabaría confundida con buena parte de la historia cubana del siglo XX.
Cien años después, en Camagüey, esa permanencia tomó una forma particular: un libro.

En el Salón de Protocolo Nicolás Guillén de la Plaza de la Revolución Mayor General Ignacio Agramonte fue presentado Sobre sus hombros, la alborada: poesía camagüeyana dedicada a Fidel Castro, compilado por Jesús A. Zamora Ávila y Evelin Queipo Balbuena y publicado por Editorial Ácana en 2026.
No es un volumen de un solo tono ni de una sola generación. Sus páginas reúnen poemas de 29 autores, entre escritores de reconocida trayectoria y otros vinculados a asociaciones, talleres y grupos literarios del territorio. Algunos textos fueron escritos expresamente para el proyecto; otros nacieron muchos años atrás, en circunstancias distintas, cuando Fidel todavía estaba vivo y su presencia formaba parte del paisaje cotidiano de la nación.
El ejemplar tampoco pretende esconder su condición de objeto conmemorativo. La edición consta apenas de cien ejemplares y lleva en cubierta Yo soy Fidel, de Nazario Salazar Martínez, un retrato intervenido digitalmente a partir de tinta sobre cartulina. Pero quizá su mayor valor esté precisamente en aquello que una edición limitada puede conservar: un registro de cómo distintos camagüeyanos han mirado a un personaje histórico y qué palabras encontraron para hacerlo suyo.
“FIDEL SE ME HIZO VERSO”
La mejor puerta de entrada al libro acaso sea el texto que lo abre, La infinitud del verso que cambia vidas, de Jesús Zamora.
Zamora no habla de una proximidad abstracta. Cuenta que su abuela ayudó a Fidel en la clandestinidad y en la Sierra y enlaza esa memoria familiar con la propia historia: nació con una discapacidad severa que apenas le permitía sostener la cabeza y pudo estudiar desde casa.
Entonces aparece el niño que cantaba, con una voz distorsionada pero a todo pulmón, canciones que habían convertido a Fidel en personaje de la música cubana y latinoamericana. Recuerda el Chamamé a Cuba, a Eduardo Saborit, a Carlos Puebla, al grupo Ismaelillo. Y escribe una frase que termina iluminando todo el proyecto: “Fidel se me hizo verso en el alma”.
A los 12 años, en la escuela Solidaridad con Panamá, descubrió además que aquella conversión de Fidel en materia poética no era únicamente suya. Allí encontró los versos del Che, de Miguel Barnet, Nancy Morejón y Juan Gelman. Años después, en 1996, participó en el concurso internacional convocado por la Fundación Guayasamín por los 70 años de Fidel. Entre más de 4 000 obras de 40 países, obtuvo el tercer lugar en la categoría de 14 a 16 años. En la ceremonia, celebrada en el Palacio de Convenciones, conoció personalmente a Fidel.
Hay, por tanto, una biografía que explica al compilador y, al mismo tiempo, explica el libro. La poesía no aparece aquí como adorno de una efeméride, sino como una de las formas en que Zamora aprendió a nombrar una experiencia personal, familiar e histórica.

UN LIBRO DE MUCHOS TIEMPOS
El poemario comienza con Nicolás Guillén y La sangre numerosa. También recupera voces como las de Luis Suardíaz Rivero y el repentista Jorge L. Hernández García, Pompillo, y reúne a autores de diferentes generaciones.
El propio título procede de Gigante, de Edelmira Rodríguez Portal.
Pero una de las particularidades más reveladoras está en las fechas y circunstancias de algunos textos. Sergio Morales contó durante la presentación que su poema había sido escrito en 1980. Lino Torres, poeta ciego, recordó que el suyo surgió en 2016, a propósito del cumpleaños 90 de Fidel: comenzó a escribirlo una noche y continuó hasta que amaneció.
Entre esas voces se encuentra también Léster Vargas, el autor más joven del conjunto, con apenas 16 años.
Así, el volumen termina siendo, involuntariamente o no, una especie de conversación entre generaciones. Está quien conoció personalmente a Fidel y quien solo puede acercarse a él a través de los relatos, las imágenes, los poemas y las canciones heredadas. Está el acontecimiento vivido y está el acontecimiento recibido como memoria.
Quizá allí resida una de las dimensiones más interesantes del proyecto.
Porque convertir a una persona en poema no significa solamente elogiarla. Significa incorporarla a un imaginario, elegir qué rasgos conservar, qué emociones asociar con ella, qué metáforas utilizar para explicar su lugar en la propia vida.

“EL ARTE ES UN ESPACIO DE IGUALDAD PLENA”
Jesús Zamora recordó que la idea del libro surgió del Centro Provincial del Libro y la Literatura y de la Dirección Provincial de Cultura. Al presentar el resultado, resumió el espíritu de la convocatoria en una frase: “Hoy es un día para agradecer”.
También insistió en que “el arte es un espacio de igualdad plena” y destacó que los poetas, de maneras diversas, “también convirtieron a Fidel en verso”.
La presentación hizo visible esa pluralidad. Antonio Batista cantó su poema. Yoandra Santa, fundadora de la Cruzada Literaria, recordó aquel proyecto de la Asociación Hermanos Saíz nacido precisamente en agosto, alrededor del cumpleaños de Fidel, para juntar literatura y música. Alejandro González vinculó la fecha con otro aniversario: el del Sistema de Ediciones Territoriales, iniciativa asociada a Fidel y nacida para llevar los libros de los autores de cada provincia a sus propios lectores.
Edelmira Rodríguez, además de autora del poema que da título al volumen, lo definió como “un homenaje sincero de los camagüeyanos a Fidel en su primer centenario”.
Después llegaron los improvisadores Christian J. Muñiz y Nelson Lima.
Por momentos, más que la presentación de un libro, pareció reunirse alrededor de sus páginas una parte de la memoria literaria y musical construida en la ciudad durante décadas.

UN SIGLO DESPUÉS
Las autoridades políticas y gubernamentales de la provincia participaron en la presentación. Walter Simón, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en Camagüey, recibió un ejemplar a nombre del pueblo de la provincia y lo calificó como una obra de “infinito amor”. En su intervención habló de la Revolución, de su legado y de la necesidad de preservar las ideas asociadas a Fidel.
Son palabras propias de una ceremonia conmemorativa. Pero el libro permite mirar más allá de ellas.
Porque entre el 13 de agosto de 1926 y este día de 2026 caben cien años. Caben la infancia de un niño nacido en una familia campesina, la formación de un abogado, la lucha insurreccional, el triunfo revolucionario, las transformaciones y conflictos de una nación, las confrontaciones internacionales, los discursos, las canciones, las imágenes, las controversias y también las pérdidas.
Fidel murió en 2016. Sin embargo, diez años después, su figura continúa provocando palabras.
Eso no obliga a una única interpretación de su legado ni borra las complejidades de una vida histórica de semejante magnitud. Pero sí dice algo sobre la persistencia de los símbolos: cuando un personaje deja de estar físicamente, comienza otra disputa, más silenciosa y acaso más profunda, por la manera en que será recordado.
En Camagüey, este libro escogió la poesía para participar en ella.
Y quizá por eso la frase de Zamora termine siendo más poderosa que cualquier consigna: Fidel se le hizo verso.
Cien años después de aquel nacimiento, 29 poetas camagüeyanos decidieron volver a ponerlo en palabras. No todos desde el mismo lugar, ni con la misma edad, ni con idéntica experiencia. Algunos desde el recuerdo directo; otros desde una memoria heredada.
El hombre que nació hace un siglo pertenece ya a la historia. El personaje que cada generación construye con sus recuerdos, sus silencios y sus versos pertenece todavía al presente.
Y este pequeño libro de cien ejemplares deja constancia de una de esas maneras de recordarlo.
