CAMAGÜEY.- Eric Rivera habla como si nunca hubiera dejado el Caribe. Aunque desde hace años vive en Estados Unidos y es profesor asociado de danza en la Virginia Commonwealth University, el ritmo de su voz, algunas palabras y la calidez con que cuenta las historias reducen enseguida la distancia entre Puerto Rico y Cuba.
Sentados uno al lado del otro, mientras el Ballet Contemporáneo de Camagüey (BCC) ensaya las obras que acaba de montar, la conversación fluye con la naturalidad de quien reconoce un territorio común. Antes de que empiece cada pieza me adelanta la historia que la sostiene. Después guarda silencio. Entonces comienzan a hablar los cuerpos.
No permanece quieto ni siquiera cuando observa. Desde la silla acompaña un giro con los hombros, marca con la mano el recorrido de un brazo, deja que un pie siga el pulso de la música. No corrige desde la distancia: baila discretamente con los intérpretes mientras piensa la siguiente indicación:
“Para esto lo importante es la seguridad. Aunque haya ojos mirando, esto es un ensayo.”
Los tres bailarines asienten antes de comenzar Almas, un trío que terminó de crear apenas el día anterior. Es la sexta obra que Rivera monta para el BCC. Antes llegaron el solo Con el tiempo; la pieza para toda la compañía Especie en viaje; el cuarteto En el vacío; y ahora se suman A pesar del dolor, Voces de mujeres y Almas, que la agrupación prepara para presentar al cierre del verano bajo la dirección general de la primera bailarina Diannys González Escalona.
Cada obra tiene una historia distinta. Antes de A pesar del dolor, una mesa permanece sola en el escenario improvisado del salón.

“La mesa significa Puerto Rico. El solo, aunque lo interpreta una mujer, era como yo me sentía después del huracán María, cuando no podía comunicarme con mi familia y no sabía cómo estaban”.
Estrenada en 2019, la pieza forma parte originalmente de una obra para ocho mujeres. Desde entonces ha recorrido festivales, compañías y universidades. Diannys es ya la novena intérprete que la asume.
Mientras habla de aquellas horas sin comunicación con su familia, ya no parece contar únicamente una historia puertorriqueña. En un país acostumbrado a los ciclones, a los apagones y a la incertidumbre, su memoria encuentra ecos inmediatos. El Caribe cambia de isla, pero muchas veces comparte las mismas angustias.
Después llega el dueto de Voces de mujeres. Nació dentro de una coreografía para trece mujeres y un hombre, pero pronto descubrió que el verdadero tema no era el movimiento, sino la manera en que cada bailarina lo hacía suyo.
Y finalmente aparece Almas, todavía en proceso de búsqueda. Una historia de amor, decisiones y conflictos que apenas comienza a encontrar su forma definitiva.

Es la tercera visita del coreógrafo puertorriqueño a Camagüey. Entre una estancia y otra cambian los elencos, los nombres y las circunstancias. Sin embargo, él sigue regresando.
“Cada vez ha sido más interesante para mí”, comenta. “Cada vez que he venido los bailarines son diferentes. Algunos todavía permanecen desde la última vez que vine, en 2023, pero la gran mayoría son nuevos. Es bien desafiante para un coreógrafo venir sin conocer a los bailarines, pero el talento que hay en esta compañía es lo que siempre me hace regresar. Siempre me siento bienvenido por la dirección y por los bailarines. Creo que por eso me gusta seguir compartiendo y colaborando con ellos.”
Mientras observo el ensayo de A pesar del dolor, resulta inevitable recordar la versión anterior de la obra. Hay movimientos idénticos, pero también otros que parecen haber encontrado un nuevo sentido.
Rivera sonríe cuando escucha la observación.
“No tenemos que estar físicamente en el estudio para comenzar un montaje. Esas piezas las envié antes de venir para que empezaran a trabajarlas. Después, durante los últimos días, las hemos ido ajustando. Ahí es donde vuelvo a admirar el talento de la compañía. Ese solo yo apenas lo toqué. Diannys hizo el verdadero trabajo de aprendérselo, de descubrir qué quería encontrar ella dentro de esa obra. Yo solo llegué a darle algunas notas.”
En sus coreografías aparecen con frecuencia preguntas sobre la identidad, la memoria y, especialmente, la voz de las mujeres. Sin embargo, asegura que muchas veces esas ideas nacen después del movimiento.
“Cuando empecé Voces de mujeres no tenía un tema definido. Estaba creando con mis estudiantes en Virginia y veía cómo cada bailarina recibía la misma información de una manera distinta. Muchas veces uno quiere que todo el mundo haga exactamente lo mismo, pero en ese momento entendí que no. Somos diferentes. Ellas son diferentes. Me encanta que cada voz se sienta distinta, aunque todas estén haciendo el mismo movimiento.”
Algo semejante ocurrió con Almas.
“Primero hice el solo de ella porque todavía no tenía los bailarines con quienes trabajar antes de venir a Cuba. Pero mientras creaba ese solo, imaginaba que alrededor existían dos hombres, dos posibilidades, dos relaciones. De ahí nació el trío.”
Su lenguaje coreográfico también encuentra afinidad con la identidad artística del BCC.
“A mí me fascina el talento que tienen estos bailarines. El ballet clásico fue uno de mis primeros lenguajes y todavía me gustan las líneas, el empeine bien colocado, la limpieza técnica. Pero también me encanta cómo el cuerpo entra y sale del piso, cómo pasa de un movimiento redondo a uno completamente lineal. Esa mezcla es la que me gusta coreografiar, y pienso que por la técnica que tiene esta compañía mis piezas fluyen con naturalidad.”
La conversación inevitablemente termina hablando del regreso. No solo del regreso a Camagüey, sino del regreso a Cuba.
En los días de esta visita, el país volvió a sufrir otra caída del sistema eléctrico nacional. El calor de agosto ocupa el salón. Los ventiladores permanecen inmóviles. Nadie parece dispuesto a suspender el ensayo. Los bailarines siguen trabajando. Eric también.

Rivera apenas menciona esas dificultades. Le pregunto entonces cuánto está dispuesto a soportar para seguir regresando a Cuba.
“Me han hecho esa pregunta muchas veces", responde. "Sí, es diferente. En algunos momentos puede ser un poquito fuerte. A lo mejor sería tremendo tener el abanico moviendo el aire un poco. Pero eso no es tan importante como lo que pasa en el estudio. La conexión que los bailarines me dan, la energía que ellos me transmiten hace que esas cosas se vuelvan secundarias. Están ahí, claro, pero la aceptación que siento hacia lo que traigo... todos podemos coger un poquito de calor.”
Hay frases que explican mejor que cualquier discurso por qué el arte sigue sucediendo. Entonces vuelve la música. Él deja de hablar. Y desde la silla, casi sin darse cuenta, vuelve a bailar con ellos.
