En los pasillos del Capitolio hay personajes que han convertido la hostilidad hacia Cuba en una lucrativa carrera profesional. El exponente más cínico de esta estirpe es, sin duda, Marco Rubio, un político cuya trayectoria se sostiene sobre un andamiaje de falsedades, doble moral y un desprecio absoluto por la vida del pueblo que hipócritamente dice querer liberar.