CAMAGÜEY.- A las cinco de la tarde del tercer viernes del mes, la Casa Natal de Ignacio Agramonte deja de ser únicamente un museo. Las canciones comienzan a llenar el zaguán o el patio, según lo permita el tiempo. Hay un público que llega elegante, como quien va al teatro o a una celebración. Hay abrazos, cumpleaños, recuerdos, invitados que terminan cantando sin haberlo previsto y una certeza compartida: allí siempre serán bienvenidos.
En el centro de ese pequeño ritual está Enrique Funes Delmonte. Hace unos días, durante una nueva edición de Encuentro con Novarte, dedicó una canción a una habitual del espacio que no pudo asistir por enfermedad. Llamó luego a los cumpleañeros del mes, entre ellos una mujer de 85 años, y recordó con cariño a Yaya, otra fiel participante que ya cumplió 90. Invitó a un espectador entusiasta que promociona la peña en las redes sociales y dos cantantes presentes entre el público, Elizabeth Benavides y Marina Collazo, terminaron interpretando dos temas cada una. La música era importante, pero también lo era el afecto.
Esa escena dice mucho sobre Enrique. Hace algunos años conversé con él acerca de la historia de Novarte. Aquellas ideas esperaron su momento. Hoy dialogan con una realidad que las confirma.

“SIEMPRE ME GUSTÓ EL ARTE DE LAS CANCIONES”
Quien hoy es reconocido como fundador de Novarte no comenzó su vida profesional sobre un escenario.
—Soy graduado en sistema telefónico y telecomunicaciones. Trabajé muchísimos años en Etecsa y fui fundador del departamento de tráfico telefónico.
La música, sin embargo, nunca dejó de acompañarlo. Desde niño cantaba. A veces solo; otras, junto a su hermano gemelo, César. Más tarde llegaría una experiencia decisiva: integrar el coro dirigido por Mario Bustillo, recién graduado del Conservatorio Chaikovski.
—Pienso que la riqueza auditiva me la desarrolló el coro. Disfruto mucho las armonías, el juego de voces.
No es una frase cualquiera. En ella parece estar la semilla de todo lo que vendría después.
APRENDER A ESCUCHAR
Enrique menciona nombres constantemente. Habla de Mario Bustillo, de Simón Roberto, de Rosa María Luis, de Joaquín de Varona... pero cuando recuerda a Isolina Pozo la voz cambia ligeramente. No habla solo de una maestra. Habla de alguien a quien sigue sintiendo cerca.
—Siempre tengo que nombrarla dondequiera, porque ser agradecido, como dice la palabra, es ser bien nacido.
Isolina descubrió en él la facilidad para construir armonías vocales. Simón Roberto terminó de pulir aquel primer repertorio y abrió las puertas de la peña La gloria eres tú, en la sede camagüeyana de la Uneac, donde Novarte comenzó a darse a conocer.

UN ARTISTA TIENE QUE SER AUTÉNTICO
Novarte también puede contarse a través de las voces que han acompañado a Enrique desde el año 2009. La historia comenzó junto a Rosa Luis Bernard, fundadora del dúo. Después se incorporaron Elizabeth Pau Almeida, Yipsy Casal Ayrado, Aimy Otero Hidalgo, Aida Esther Montero y, desde la etapa más reciente, Lisbet Mauri. Diferentes timbres y personalidades han enriquecido un proyecto que, sin perder su esencia, ha sabido renovarse con cada formación. Enrique insiste en que lo más importante nunca ha sido el formato, sino la honestidad artística.
Defiende un repertorio que muchos consideran parte de la memoria sentimental de varias generaciones.
—Yo nací con esas canciones. Soy un romántico empedernido.
No le preocupa seguir las modas.
—Un artista tiene que ser franco consigo mismo. Lo que no sientes por dentro no lo puedes proyectar hacia las demás personas.
Por eso ha defendido durante años canciones popularizadas por los intérpretes de la llamada Década Prodigiosa, boleros cubanos y clásicos que forman parte de la educación sentimental de buena parte de su público.
MUCHO MÁS QUE UN CONCIERTO
Si algo revela esta conversación es que Enrique nunca concibió Encuentro con Novarte como un simple espacio para cantar.
—Quería que las personas tuvieran un lugar donde se sintieran protegidas, donde recibieran amor y cariño, donde desarrollaran sentido de pertenencia.
Su idea iba mucho más allá del repertorio. Había juegos de participación, referencias históricas, literatura, aniversarios, celebraciones y el apoyo permanente del personal de la Casa Natal,
—Que aprendan, que recuerden, que les aporte cultura.
Escucharlo hoy resulta revelador. Porque aquello que antes describía como un propósito es exactamente lo que ocurre ahora.
DIECISIETE AÑOS DE UNA MISMA VOZ
Diecisiete años después de su fundación, Novarte continúa siendo un proyecto en movimiento. El dúo ha realizado cuatro producciones independientes: Más cerca de ti, Tres décadas, De menos a más y Tocando la luz. Las tres primeras fueron concebidas sobre bases musicales pregrabadas; la más reciente incorporó instrumentos reales y arreglos originales del Dúo Confluencias, integrado por Pavel del Río y Dianet Yáñez, además de los arreglos vocales de Enrique.
—Ese último trabajo ya tiene la concepción de una producción independiente. Fue grabado con instrumentos reales y arreglos originales pensados para Novarte.
Las grabaciones, explica, forman parte de los archivos musicales de Radio Cadena Agramonte, Radio Camagüey y Televisión Camagüey...

LA MÚSICA COMO REFUGIO
Pero la huella de Novarte no se mide únicamente por su discografía. Lo que comenzó como una peña mensual en la Casa Natal se ha convertido en un espacio esperado por un público fiel...
—Hemos logrado un público asiduo, numeroso, que nos ha acompañado durante todos estos años.
Por tanto, el hombre que llena de música la Casa Natal también forma parte de ella. Una faceta de museólogo y promotor cultural.
Desde 2018, además, Enrique desarrolla una intensa labor como solista. Su agenda transcurre entre el Hogar Padre Olallo, la Casa del Abuelo Amalia Simoni, el Museo Provincial Ignacio Agramonte y la Librería Ateneo.
Su vínculo con el Museo Provincial va más allá de la interpretación musical.
—Con la tercera edad he venido haciendo un trabajo enfocado fundamentalmente en la atención diferenciada a estas personas vulnerables.
Quizá por eso, cuando se le escucha hablar de sus conciertos, rara vez el centro de la conversación son los escenarios. Casi siempre termina hablando de las personas.

LA PERSISTENCIA
Novarte ha cambiado de integrantes, ha asumido nuevos proyectos y ha explorado distintos formatos musicales. Sin embargo, hay algo que permanece invariable: la voluntad de avanzar.
—Siempre he tratado de proyectar nuevas metas, nuevos caminos, mostrar cosas novedosas.
Es una de las razones por las que Enrique continúa defendiendo un repertorio que ama sin renunciar a experimentar con nuevos arreglos, conciertos y colaboraciones.
Cuando termina la peña, nadie parece tener prisa por marcharse. Hay quienes conversan un rato más, quienes se despiden como si acabaran de salir de una reunión familiar y quienes ya preguntan por el próximo tercer viernes del mes. Esta peña cumplirá 13 años en diciembre.
Entonces vuelve a la memoria una frase que Enrique pronuncia con frecuencia:
—Quería que sintieran que ese era su lugar.
Ahí está, más que en cualquier disco o aniversario, el verdadero arte de hacer voces.
