CAMAGÜEY.- Cuando llegué, Annerys Fernández Mendoza todavía conversaba con sus alumnos de la carrera de Gestión del Patrimonio. Uno de ellos sostenía un croquis: la propuesta de recorrido para una sala museográfica. Ella los escuchaba como quien mira ya a futuros colegas.
Después los despidió y abrió una gaveta preparada de antemano para mostrar una colección de postales y estampas familiares que ayudó a fundar en 2006: piezas pequeñas, íntimas, nacidas de la vida cotidiana, que resumen buena parte de la idea de museo que ha defendido durante décadas.
Ella estudió Historia en la Universidad de La Habana, donde la Museología formaba parte obligatoria de la carrera. Fue reconocida por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por la obra de la vida. Se mantiene como especialista principal del departamento de investigaciones del Museo Provincial Ignacio Agramonte y especialista del Centro Provincial de Patrimonio.
Más tarde caminamos por el patio interior del Museo, entre proyectos de salas aún por abrir y recuerdos de exposiciones pasadas, hasta detenernos frente al baobab. “Abrázalo, da suerte”, me dijo. Y quizá también explique por qué, aun jubilada, sigue regresando cada día a un museo que insiste en mantenerse vivo incluso con sus salas cerradas.

—Háblame sobre las connotaciones del 18 de mayo y las que le añade la dedicatoria de este año con el lema “Museos uniendo un mundo dividido”.
—El Día Internacional de los Museos lo establece el ICOM para visibilizar el papel de los museos. Cada año el lema marca preocupaciones importantes de la museología contemporánea. Esta vez se habla del museo como espacio de unidad, algo muy conectado con un mundo atravesado por guerras, conflictos comunitarios, divisiones religiosas y problemas migratorios. El museo se entiende como un lugar capaz de unir.
—¿Cómo se aplica eso en la red de museos de Camagüey?
—Nuestros museos han abierto espacios para niños, ancianos y distintos grupos de la comunidad. En lugares como el Museo Provincial Ignacio Agramonte los adultos mayores encuentran desde actividades culturales hasta ejercicios como Tai Chi. Pero además hay un trabajo menos visible: un coleccionismo más democrático, abierto a la vida cotidiana.
“Y en el Museo de Céspedes se intentó algo muy revelador: una colección de objetos del Período Especial, de los años 90, que recoge las soluciones creativas del cubano en medio de la escasez. Esa mirada también ha ido ampliando lo que entendemos como objeto museable, incorporando incluso la historia más reciente como parte del patrimonio.”
—Y me imagino que muchas piezas sobreviven porque alguien las guardó
durante años.
—Exactamente. Muchas veces lo más visible es la programación cultural, pero detrás hay décadas de trabajo museológico para reconocer el valor de objetos cotidianos y sentimentales. En la sala Puerto Príncipe, por ejemplo, incluimos a la planchadora o al barbero, no solo a las grandes figuras históricas. También se han creado colecciones sobre religiosidad popular, postales familiares o etnografía campesina. Romper la idea elitista del museo ha permitido reconocer como patrimonio objetos muy cercanos a nuestra identidad.
—Estamos en el Museo Provincial. Háblame de la futura sala Camagüey y de la
reapertura del museo.
—Este museo está muy arraigado en la ciudad. Muchas personas vienen a preguntar cuándo podrán volver con sus hijos. Aunque las salas estén cerradas, el colectivo mantiene vivo el espacio con exposiciones transitorias y proyectos como “Museo puertas abiertas”. La sala Camagüey es un sueño pendiente: contará la ciudad republicana desde 1902 hasta parte de la lucha insurreccional, pero desde una mirada muy cercana al camagüeyano común. Tendrá puertas, rejas, muebles, objetos cotidianos y muchas piezas tridimensionales fuera de vitrinas.
Annerys: Annerys Fernández Mendoza muestra la colección de postales y estampas familiares, fundada en 2006, forma parte de las búsquedas del museo por ampliar las nociones tradicionales de patrimonio.
—Cuando llegué estabas con tus estudiantes. ¿Cómo se forman hoy los
museólogos?
—Este museo siempre tuvo vocación docente. Antes incluso de existir la carrera de Gestión del Patrimonio ya había aquí especialistas enseñando Museología. Hoy seguimos siendo Unidad Docente de la Universidad de Camagüey. A los estudiantes trato de enseñarles a pensar como museólogos: imaginar recorridos, diseñar salas, descubrir museografías en la propia ciudad. Incluso hablamos de una “museografía de pobre”: demostrar que se puede crear una museografía diferente aun con pocos recursos.
—Ya estás jubilada, pero sigues aquí. ¿Por qué?
—Me preparé para entregar responsabilidades y demostrarles a otros que podían asumirlas. Dejé que fueran ellos quienes presentaran investigaciones o hablaran en público. Pero me quedé porque este museo todavía me permite investigar, colectar y trabajar en proyectos museográficos. Aunque la gente vea el museo cerrado, aquí no se ha dejado de trabajar. Ahora mismo seguimos montando espacios en el Museo San Juan de Dios: ya están abiertas salas dedicadas al siglo XIX, al XX y a la Enfermería, y trabajamos en otra que contará la historia del antiguo hospital infantil.
“También hay proyectos en Minas vinculados a la fotografía y la imagen. Esos montajes, imaginar nuevas salas y nuevas maneras de contar la historia, son de las cosas que me mantienen aquí. En ese territorio se ha desarrollado una sala de etnografía campesina que pone en el mismo nivel de valor un jarro para la leche o los utensilios del trabajo en el campo que piezas tradicionalmente consideradas más “artísticas”, como ocurre en las
salas más elitistas de artes decorativas.”
—¿Qué investigas ahora?
—Tengo terminada una investigación sobre la historia del Museo Provincial de Camagüey anterior a este, el llamado Museo de Marianita (Mariana Betancourt Garay), y quisiera verla publicada aunque sea en formato digital. También estoy escribiendo sobre este edificio cuando fue Hotel Camagüey. En las redes sociales veo mucho interés por esas historias: las personas comparten fotos, recuerdos, fragmentos de memoria de la ciudad, y eso me animó a organizar todo lo que había investigado durante años sobre el edificio y su relación con los camagüeyanos. Siempre estoy leyendo, investigando y reuniendo materiales para nuevos proyectos.
Daguerrotipo: Pieza de daguerrotipo conservada en las colecciones del Museo Provincial Ignacio Agramonte, ejemplo de lo que resguardan la memoria íntima y cotidiana de las familias camagüeyanas.

