16 Mayo 2026
Antes del papel estuvo el aire. Karel Trakter Díaz recuerda que, siendo apenas un niño en Mola, pasaba horas dibujando con los dedos sobre la nada. Su abuela observaba aquellos movimientos repetidos —la boca entreabierta, la mano suspendida trazando líneas invisibles— y llegó a pensar que algo no andaba bien. “Hay que llevarlo al médico”, le dijo una vez a su madre. Pero ella miró la escena de otra manera: “No, él lo que está es dibujando”. Tal vez allí comenzó todo.
