CAMAGÜEY.- Carmen Soto sostiene en sus manos la historia que Cuba aún no ha terminado de contar. Todo comenzó con la pregunta de un niño: ¿Cuál fue la primera muñeca que llegó a Cuba?
“Yo no supe qué responder”, confiesa Carmen, líder del proyecto sociocultural Carsueños. “Y decidí no inventar. Decidí investigar”.
De la búsqueda nació el proyecto de libro que aspira a publicar en Camagüey, donde sostiene que la primera muñeca de tela introducida en Cuba no fue española, como suele creerse, sino francoespañola.
“Yo también pensaba que era española, pero los datos no coincidían. Tuve que empezar a estudiar, a unir fragmentos, a viajar, a escuchar. Llegó en tiempos coloniales, cuando el mayor auge del comercio de muñecas se concentraba en Francia”, explica. La bibliografía fue escasa, los caminos dispersos, pero el hilo de la memoria fue tejiendo una certeza: las muñecas también cuentan la historia de un país.
En esa misma investigación apareció la anaqullé, muñeca africana traída por los negros esclavizados. No era solo un juguete: cumplía funciones espirituales y protectoras.
Carmen rastreó su historia en testimonios orales, en comunidades del oriente del país, en Holguín, y hasta en Colorado, Sierra de Cubitas, donde un anciano le describió cómo se hacía. “No es solo amarrar y ya. Lleva nudos hacia delante y hacia atrás para acolchonarla, semillas dentro, la cruceta de madera, la güira en la cabeza. Todo tiene un porqué”, cuenta.
Con esas descripciones, y con muñecas que ha visto con sus propios ojos, recreó su propio modelo, fiel a la tradición. “Nada que no pueda mostrar, yo lo digo. El niño tiene que conocer la verdad”.
Su mayor anhelo es lograr publicar el libro y entonces mostrar, en una gran exposición, toda esta historia reunida. “En la vida todo tiene una historia, y los niños merecen conocer de dónde salieron sus muñecas”, afirma.

Hoy, la anaqllé convive en su casa con muñecas procedentes de China, Rusia, España, México y varios lugares de Estados Unidos, otros países, formando una colección que es también un mapa cultural tejido en tela.
Carmen lleva más de dos décadas sosteniendo este proyecto con sus manos. Incluso después de la enfermedad por virus que recientemente han afectado a la población, cuando muchas de las artesanas no podían coser por dolores e inflamaciones, Carsueños no se rindió. “En esos días lo único que podíamos hacer era soñar”, recuerda. Y de esos sueños nacieron nuevas ideas, nuevos juguetes, nuevas razones para seguir.

Mientras tanto, Carsueños continúa latiendo. Durante la Semana de la Cultura Camagüeyana estará en la plazuela Rosa La Bayamesa, el Recinto Ferial, la Plaza Maceo, con el Encuentro de Muñequeras, juegos, donaciones, talleres y actividades para los niños.
Además, el 14 de febrero formará parte de la Feria Fiñe, que organiza el Guiñol de Camagüey por su aniversario. Esta feria tendrá como sede la plazuela Rosa La Bayamesa los días 12, 13 y 14 de febrero, confirmó a Adelante Jesús Ruedas, director del Guiñol. La jornada incluirá presentaciones teatrales, actividades infantiles y acciones comunitarias.

También preparan su presencia en el Pabellón Infantil de la Feria del Libro, dedicada este año a Rusia. Ya las muñequeras trabajan “entre plantillas, telas y puntadas”, como dice Carmen, imaginando lo que aún no se ha visto.
Porque Carsueños no se detiene: se anticipa.
Y en cada puntada, sigue cosiendo memoria.
