CAMAGÜEY.- La ilustración también es una manera de investigar la historia, interpretarla y devolverla a los lectores desde el lenguaje de las imágenes. Así lo demuestra Mambiserías, exposición bipersonal de Dairel Arcos y Eddislén Escobar, abierta en la galería Larios como parte de la programación del Consejo Provincial de Artes Plásticas por la Jornada de la Cultura Cubana y disponible al público hasta noviembre.

Ante una concurrencia integrada mayoritariamente por estudiantes y profesores de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, los artistas compartieron las experiencias de un trabajo que comenzó con el encargo de ilustrar un libro de 21 cuentos de Ángel Jiménez González, publicado por la editorial Verde Olivo.

Dairel, quien se reconoce como “amante de la Historia de Cuba, y de esta etapa en particular”, atribuyó la oportunidad a que ya conocían su trabajo en la revista Pioneros. María Luisa, editora de Verde Olivo, lo contactó para proponerle el proyecto. Al principio, pensó resolverlo con pincel y acrílico, como si cada ilustración fuera un pequeño cuadro, pero el plazo de un año lo llevó a buscar la colaboración de Eddislén.

La investigación ocupó buena parte del proceso. Fotografías, cartas y documentos sobre la época fueron acumulándose hasta llenar gigas de información. Entre las fuentes consultadas estuvo El libro del mambí, de Juan Padrón, investigación que sustentó la creación de Elpidio Valdés y que aporta referencias sobre la alimentación y el armamento de los mambises. También revisaron la historieta La emboscada, de Orestes Suárez, acerca de tres pioneros que viajan al período de la guerra hispano-cubano-norteamericana.

La documentación debía sostener la ficción sin desentenderse de la realidad histórica. En la construcción de los personajes, explicó Dairel, “hay un modelo que pervive, y ese modelo soy yo”. Se trataba de imaginar figuras y situaciones dentro de un contexto preciso, respetando los hechos y las referencias visuales reconocibles de los protagonistas históricos.

Para resolver la imagen de El abanderado de Bayamo, por ejemplo, el dibujante recurrió a una experiencia doméstica: se trepó a un gajo de una mata de guayabas y pidió a su esposa que lo fotografiara. De aquella escena obtuvo una referencia para construir la ilustración. El cuidado de las proporciones, la figura humana y la composición resultó esencial en una obra que exigía tanto rigor documental como dominio del dibujo.

Cada uno de los 21 cuentos tuvo su ilustración. Dairel asumió el dibujo y el entintado, mientras Eddislén aportó el color digital. “No he aprendido a dar color digital”, reconoció el primero, al referirse a una habilidad en la que su compañero es un maestro.

Eddislén explicó las fases del trabajo: dibujo, entintado, color y digitalización. Más allá de manejar las herramientas, ilustrar implica comprender la ubicación de los elementos en el espacio, el equilibrio de la composición, la perspectiva lineal y atmosférica, y las posibilidades expresivas de la figura humana. En este caso, las técnicas tradicionales y digitales debieron convivir, además, con las dificultades cotidianas de la falta de electricidad.

El proceso tuvo sus límites. Los artistas no se ocuparon de la maquetación y ni siquiera han podido ver una versión en PDF del libro. Sin embargo, ya recibieron la noticia de que salió de imprenta y esperan que pueda llegar al público pronto. Tampoco tuvieron que entregar los originales de las obras.

Aunque no es un libro de cuentos concebido específicamente para niños, sus protagonistas lo son. Esa perspectiva no suaviza la crudeza de la guerra, sino que permite aproximarse a ella desde experiencias y episodios que merecen ser contados. La investigación, además, llevó a los ilustradores a descubrir detalles que desconocían.

La siguanea, por ejemplo, les permitió aprender que se trata de un tipo de pantano, escenario relacionado con la historia de una niña que trabajaba en un campamento de sangre. Con El pequeño postillón conocieron el papel de aquel niño que marchaba delante de las postas mambisas como guía. Y Secretos de confesión conduce hasta el antiguo Puerto Príncipe a través de la figura de Joaquín de Agüero.

En la exposición también se percibe cómo dos maneras de dibujar pueden encontrar un territorio común. Dairel trabaja con un estilo más austero; Eddislén, con mayor profusión de líneas. Sus diferencias no desaparecen, pero convergen en una propuesta compartida. De ahí que resultara especialmente significativo escuchar a Dairel agradecer la intervención de su compañero, convencido de que el color dio otra hechura a los dibujos, mientras Eddislén reconocía que estos conservaban su calidad incluso sin ese aporte.

Ambos imparten clases en la Vicentina de la Torre: Dairel enseña Dibujo y Eddislén conduce un taller opcional de Ilustración y narrativa gráfica. Desde esa experiencia docente, el encuentro con los estudiantes propició también una conversación sobre los referentes que han marcado su formación y sobre el lugar de la historieta dentro de las artes visuales.

Los dos reconocieron la influencia de Orestes Suárez y Robe Alfonso, maestros de la historieta cubana cuya obra acompañó su infancia. Eddislén recordó que ambos consumían mucho cómic norteamericano, de donde procede parte de su estilo realista y dramático, y que también conocían el dibujo europeo de las décadas de 1960 y 1970, al que accedían mediante diapositivas.

En esa genealogía artística, Orestes Suárez ocupa un lugar decisivo. Para los creadores, existe un antes y un después de su obra en la historieta cubana. Dairel y Eddislén, junto a otros dibujantes de su generación como Alexander Izquierdo y Montos, reconocen esa herencia.

“Yo no sé dibujar de otra manera. Me cuesta desligarme de este dibujo realista”, afirmó Dairel. Eddislén, por su parte, explicó que las influencias se incorporan tanto de manera consciente como inconsciente: “Todo lo que consumimos en la infancia era hecho por ellos, por Orestes Suárez y Robe Alfonso. Y eso sale”.

La conversación abrió, además, una reflexión necesaria sobre el reconocimiento de la ilustración y la historieta como manifestaciones artísticas. En el ámbito de las artes visuales, los ilustradores no siempre reciben la misma consideración que otros creadores. Incluso al reseñar la trayectoria de un artista, existe la tendencia a relegar su obra como historietista o diseñador escénico, como si esas especialidades no formaran parte de su producción artística.

Alfredo Fuentes, presidente del Consejo Provincial de Artes Plásticas, amplió la perspectiva al remontarse a los inicios de la pintura y la ilustración en Cuba. Mencionó a Landaluze, quien publicaba novelas gráficas en la gaceta La Chiringa, y recordó los relatos que aparecían en las cajas de cigarros y tabacos como recurso comercial. A Landaluze atribuyó también el uso del “Continuará…”, fórmula que después se haría habitual en las tiras y publicaciones periódicas, ya presente en la prensa cubana desde mediados del siglo XIX.

La reivindicación no es menor: dibujar, narrar mediante imágenes y diseñar personajes exige conocimientos técnicos, investigación, sensibilidad y una concepción propia del mundo. Mambiserías permite apreciar esas cualidades, al tiempo que muestra cómo el diálogo entre dos artistas puede enriquecer una obra sin borrar las particularidades de cada uno.

El proyecto, entretanto, continúa abriendo caminos. Aunque un contrato no garantiza el siguiente, el trabajo para Verde Olivo propició un nuevo encargo: ilustrar un libro de 32 páginas de historietas dedicado a conmemorar los 180 años del inicio de las luchas independentistas cubanas. Titulado Toda la isla en el pecho, deberá entregarse el próximo año, con la intención de que esté listo para 2028.

Entre sus historias figura la de Ignacio Agramonte y Amalia Simoni, una referencia especialmente cercana a la memoria histórica camagüeyana.

Dairel Arcos Corso (Camagüey, 1985) se graduó de Artes Plásticas en la Escuela de Instructores de Arte de Camagüey en 2004 y es licenciado en Educación, en la especialidad de Instructor de Arte, desde 2017. Desde 2023 trabaja como ilustrador para las editoriales Verde Olivo y Abril. 

Eddislén Escobar Nodal (Camagüey, 1986) egresó de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre en 2004 y se graduó de Diseño Escénico en la Universidad de las Artes en 2014. Participó en talleres de Vitrina de Valonia con el historietista belga Étienne Schréder y formó parte del grupo de artistas de la revista Kronikas L’Inventaire imaginaire.

En Mambiserías, ambos colaboran por primera vez y encuentran una manera de volver sobre la historia desde el dibujo, pero también de afirmar el valor de un oficio que demanda saber mirar, documentarse y contar. Dos estilos, 21 ilustraciones y una misma voluntad: que los personajes del pasado vuelvan a habitar el presente a través de las imágenes.