Fiel a su dificultad para articular reales palabras de paz, el imperialismo acaba de adentrarse en un terreno que difícilmente conduzca al entendimiento con la nación cubana: la amenaza directa a uno de sus símbolos. Como pasaba con Fidel, Raúl no es (solo) Raúl; es, hoy, el rostro palpable de la Revolución, de modo que apuntar contra él es, ni más ni menos, tirar al pecho del pueblo.