CAMAGÜEY.- Las risas de los niños acompañaron el recorrido por calles, plazas y edificaciones del Centro Histórico de Camagüey durante una nueva edición de Huellas y Payasos, iniciativa organizada por el Centro de Interpretación Camagüey Ciudad Patrimonial para acercar a las nuevas generaciones al patrimonio de la ciudad a través de juegos y actividades recreativas.
La historia comenzó en el parque Ignacio Agramonte, pero el viaje por el pasado de la ciudad llevó a los participantes mucho más lejos: hasta los orígenes de una villa que no siempre estuvo donde hoy se levanta. Entre preguntas, canciones y juegos, los pequeños descubrieron que Camagüey también tiene una historia de mudanzas, ríos, iglesias, calles estrechas y plazas que todavía guardan las huellas de quienes la habitaron.
El recorrido combinó explicaciones sobre la historia y los valores patrimoniales de diferentes espacios con las ocurrencias del payaso Chocolatiqui, un guía sui géneris que convirtió cada parada en una oportunidad para aprender sin dejar de jugar.

UNA PROPUESTA PARA APRENDER
La iniciativa surgió como una alternativa para ampliar las opciones recreativas durante el verano y, al mismo tiempo, contribuir a que los niños conozcan y valoren el patrimonio camagüeyano.
De acuerdo con Mónica Córdova, directora del Centro de Interpretación, el principal propósito de la actividad es fomentar desde edades tempranas el conocimiento y el cuidado de la ciudad.
“Es un recorrido educativo, porque aparte de que los niños se divierten, se educan en el cuidado de la ciudad, de los espacios públicos y en los valores patrimoniales”, explicó.
La directora señaló que este tipo de acciones también pretende sensibilizar a las familias sobre la importancia de proteger los espacios que forman parte de la identidad de los camagüeyanos.
La propuesta parte de una idea sencilla: para cuidar aquello que se considera propio, primero hay que conocerlo. Y para que los niños se interesen por una historia que comenzó hace siglos, quizá sea necesario encontrar una manera de contársela que se parezca un poco más a ellos.

UN RECORRIDO POR LA HISTORIA
La ruta comenzó en el parque Ignacio Agramonte, en el corazón del actual Centro Histórico. Desde allí, la historia de Camagüey podía contarse como un largo viaje.
La villa de Santa María del Puerto del Príncipe, fundada en los primeros tiempos de la colonización española, tuvo varios asentamientos antes de establecerse en el lugar que ocupa hoy, entre los ríos Tínima y Hatibonico. Aquella historia de desplazamientos ayuda a comprender por qué la ciudad posee una trama urbana tan particular y por qué recorrerla también significa seguir las huellas de quienes la construyeron.
Quizá los niños no necesiten memorizar cada fecha para comenzar a sentir curiosidad. Basta con imaginar que la ciudad que pisan hoy no siempre estuvo allí.
Desde el parque Ignacio Agramonte, el grupo continuó hacia la Maqueta de la Ciudad, un punto de partida privilegiado para mirar Camagüey desde arriba y comprender su crecimiento. Ante la representación de calles, plazas y edificios, la ciudad dejó de ser un conjunto de lugares conocidos para convertirse en un mapa que también podía recorrerse con la imaginación.
Luego llegaron al Centro de Gestión Cultural, la Plaza y Calle Maceo, la calle de los Cines y la Plaza de los Trabajadores, hasta culminar con un espectáculo en la Cúpula de Santa Cecilia.
Cada parada ofreció una nueva historia. Las iglesias recordaron el origen de Camagüey como la Ciudad de las Iglesias; las plazas permitieron hablar de la vida pública y social de otras épocas; las calles estrechas y sinuosas condujeron la mirada hacia una arquitectura que distingue al Centro Histórico de otras ciudades cubanas.
Los sitios incluidos en el recorrido fueron seleccionados por sus valores históricos, arquitectónicos y culturales, dentro de un Centro Histórico reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Para la especialista Yuleydi Hernández Porto, cada parada fue concebida para despertar la curiosidad de los participantes y ampliar sus conocimientos sobre la ciudad.
“Todos los lugares tienen una historia. Siempre intencionamos promover que los niños y las familias conozcan nuestros valores patrimoniales para contribuir a su preservación”, afirmó.
Pero conocer una ciudad no siempre significa escuchar una larga explicación. A veces basta una pregunta capaz de hacer que un niño mire por primera vez una fachada que ha visto cientos de veces, o descubrir que una plaza, una iglesia o una calle esconden una historia que nadie le había contado.

APRENDER MIENTRAS SE JUEGA
En ese punto entra en escena Chocolatiqui. El payaso acompañó a los niños durante el recorrido mediante juegos, canciones, preguntas y otras dinámicas participativas que contribuyeron a mantener su atención y reforzar los contenidos ofrecidos por las especialistas. Su presencia convirtió al guía tradicional en un personaje capaz de provocar risas, llamar la atención y, sobre todo, hacer preguntas que invitaran a mirar.
Con Chocolatiqui como compañero de viaje, una calle podía convertirse en el escenario de un juego; una plaza, en el punto de partida para una historia, y una edificación antigua, en una pista para descubrir cuánto sabían los pequeños sobre su propia ciudad.
Así, espacios cotidianos para los habitantes de Camagüey fueron presentados desde una perspectiva diferente. Los niños no solo caminaron por ellos: tuvieron la oportunidad de detenerse, observarlos y descubrir algunos de los relatos que permanecen detrás de sus paredes.
La educación patrimonial dejó entonces de ser únicamente una explicación para convertirse en una experiencia participativa. El aprendizaje ocurrió mientras el grupo avanzaba, preguntaba, respondía y compartía las ocurrencias de un particular guía de nariz roja.

LA MIRADA DE LAS FAMILIAS
El recorrido también permitió que las familias redescubrieran espacios que forman parte de su vida cotidiana. Para los padres y acompañantes, la propuesta encontró una manera diferente de acercar a los niños a la historia local, lejos de la idea de que aprender sobre patrimonio consiste únicamente en memorizar fechas o nombres.
Una de las madres destacó que la actividad permite combinar el aprendizaje sobre las tradiciones y los espacios de la ciudad con una experiencia recreativa.
“Lo fundamental del recorrido es que los niños aprendan sobre nuestras tradiciones, nuestras iglesias, nuestros parques y nuestras plazas, mezclando la alegría con el conocimiento”, expresó.
En esa mezcla parece estar una de las claves de Huellas y Payasos: caminar por una ciudad antigua con los ojos de quien todavía tiene muchas preguntas por hacer.

UNA CIUDAD PARA VOLVER A MIRAR
Al terminar el recorrido, Camagüey seguía siendo la misma ciudad de siempre, pero quizá no para quienes habían participado en la experiencia.
Después de escuchar sobre sus traslados, sus iglesias, sus plazas y sus calles, algunos lugares cotidianos podían adquirir otro significado. El parque Ignacio Agramonte podía ser, además de un sitio de paso, el punto desde donde comenzó una historia; la Maqueta, una invitación a reconocer desde arriba las calles recorridas; y cada edificio antiguo, una puerta abierta hacia el pasado.
Mientras los niños regresaban a casa, quedaba la posibilidad de que algo de aquella mañana permaneciera en ellos: una historia, una pregunta o simplemente la curiosidad por volver a mirar la ciudad.
Quizás ese sea uno de los primeros pasos para aprender a cuidar el patrimonio: descubrir que las calles por donde caminamos todos los días también tienen algo que contarnos.
