CAMAGÜEY.- El salón infantil “Los colores de mi ciudad”, convocado por la Galería Alejo Carpentier en la ciudad de Camagüey, abrió sus puertas este domingo con una jornada que combinó premiación, participación familiar y un amplio despliegue de sensibilidad artística desde la infancia.
La muestra, que reúne obras de niños de los municipios de Camagüey, Vertientes y Sibanicú, permanecerá abierta al público hasta mediados de mayo.
La inauguración estuvo marcada por la alegría y la interacción, conducida por Reinier Elizarde en su personaje de Payaso Chocolatiqui, en un ambiente
donde el arte se vivió como experiencia compartida. En esta edición, el salón evidenció un crecimiento tanto en número de participantes como en diversidad de propuestas.
Según explicó Ketty Pacheco Gómez, especialista en técnica de montaje de la galería, “el salón infantil siempre se intenta mantener, a pesar de la situación del país”, pero este año destacó especialmente por la amplitud de edades y procedencias. “Han participado más niños de más edades y diferentes casas de cultura. Ha habido cantidad de obras, 49 obras”, precisó. También subrayó la riqueza técnica: “no se han quedado en lo normal de la crayola, temperas, sino que han agregado técnicas mixtas, han trabajado el claroscuro”.

Un elemento significativo fue la presencia de adolescentes, poco habitual en ediciones anteriores. “Me llamó la atención que hubo más niños de 14 y 15 años”, comentó Pacheco Gómez, quienes incluso presentaron dípticos y obras digitales. “Se presentaron proyectos más arriesgados como trabajos en
cerámica”, añadió, evidenciando una evolución en la complejidad creativa.
Desde la práctica pedagógica, la instructora Ixcel Cano Tamayo compartió la experiencia de su proyecto “Pequeños soñadores”, desarrollado en la Casa de Cultura Ignacio Agramonte. Su enfoque prioriza el crecimiento personal sobre la competencia: “yo trabajo con ellos no en base a ganar, no compite entre ellos, todo lo contrario, los incentivo a que ellos mismos mejoren, a que crezcan poco a poco”. Cano Tamayo resaltó además el papel de la familia en el proceso formativo: “hemos logrado unidad en las familias con la sistematicidad de los niños”.
El proyecto, que cumple seis años en mayo, ha consolidado un sentido de comunidad que trasciende el aula: “hacemos excursiones, picnics, compartimos como familia de Pequeños soñadores”. Actualmente atiende a más de veinte niños divididos en grupos por edades, en un esfuerzo por ofrecer una atención personalizada.
Por su parte, el artista e instructor José Miguel Creagh Pérez destacó el valor humano detrás de la enseñanza artística. Entre sus alumnos se encuentra José Ignacio Montero Núñez, de 15 años, en situación de discapacidad, quien recibió un Reconocimiento Especial por su obra Ignacio Agramonte y su ciudad. “Lo atiendo directamente en su casa… no es fácil la caminata pero vale la pena”, expresó Creagh Pérez, subrayando el compromiso que implica su labor. Su proyecto, que combina talleres en la Casa de Cultura Joaquín de Agüero y en su propio hogar, apunta a la creación futura de una academia para niños y jóvenes.

El sentido profundo del salón quedó sintetizado en las palabras de Ángel Olazábal Fariñas, especialista de la galería, quien señaló que la exposición es “una invitación a mirar el entorno con ojos nuevos”. Para él, la creación infantil constituye “un acto de ciudadanía poética, donde la imaginación se convierte en puente entre la infancia y la memoria cultural de la ciudad”.
Más allá de los premios y reconocimientos, “Los colores de mi ciudad” reafirma el valor del arte como espacio de encuentro, aprendizaje y construcción colectiva, donde la mirada de los niños no solo representa su entorno, sino que también lo reinterpreta y lo proyecta hacia el futuro.
