Profesora, investigadora, doctora, educadora popular y viajera, Flor de María Fernández ha hecho de la curiosidad una forma de estar en el mundo. Desde una infancia en el centro de Camagüey hasta nueve años de estudios en Kazán, desde las aulas universitarias hasta el trabajo comunitario, su historia parece atravesada por una misma obsesión: aprender para después compartir lo aprendido.