CAMAGÜEY.- La conmemoración de los 65 años de Palabras a los intelectuales, aquel ciclo de encuentros sostenidos en junio de 1961 entre Fidel Castro y representantes de la intelectualidad cubana, convocó en Camagüey a artistas, escritores y creadores para reflexionar sobre la vigencia de aquellas ideas y su relación con los desafíos actuales de la cultura.
El panel “Fidel, los artistas y los intelectuales. 65 años”, organizado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en la provincia, tuvo como escenario el patio de la Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella, espacio que terminó acogiendo el intercambio como una coincidencia simbólica con la sede original de aquellos diálogos: la Biblioteca Nacional de Cuba.

Participaron como panelistas Armando Pérez Padrón, presidente de la Uneac en Camagüey; el poeta y periodista Sergio Morales; y Kenny Ortigas, instructor de arte y director provincial de Cultura. Al encuentro asistieron autoridades políticas y de gobierno del territorio, encabezadas por Walter Simón, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en la provincia.
Pérez Padrón llamó la atención sobre la necesidad de comprender Palabras a los intelectuales en su totalidad y no reducirlo a una frase aislada. Recordó que no se trató de un único discurso, sino de tres jornadas de debate —los días 16, 23 y 30 de junio de 1961— marcadas por la discusión sobre el papel de los creadores en el proceso revolucionario.
“Siempre lamento mucho que se lean las dos líneas de un discurso de más de 20 páginas”, señaló, al insistir en que aquellos encuentros estuvieron atravesados por la polémica, la búsqueda de consensos y la incorporación de sectores diversos dentro del nuevo proyecto social.
Sergio Morales estableció un paralelo entre el contexto de 1961 y los retos del presente, al considerar que la cultura continúa siendo un espacio de disputa. Recordó que Fidel no solo dialogó con intelectuales, sino también con campesinos y obreros, como expresión de la importancia que concedía a la cultura dentro de la construcción del país.
A su juicio, uno de los desafíos actuales está relacionado con la pérdida de profundidad en los hábitos culturales y la sustitución del pensamiento reflexivo por consumos inmediatos. En ese sentido, alertó sobre los riesgos de una cultura reducida a mensajes breves y contenidos efímeros.
Desde una perspectiva simbólica, Kenny Ortigas abordó la importancia de los símbolos en la identidad de una sociedad. Señaló que cuando una comunidad pierde sus referentes simbólicos comienza a debilitar su sentido de pertenencia. Como ejemplos de la construcción cultural emprendida tras 1959 mencionó la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y la fundación de la Imprenta Nacional, cuyo primer libro publicado fue Don Quijote de la Mancha, una elección que consideró cargada de significado.
Uno de los momentos más aportadores del intercambio correspondió al músico Eduardo Campos, quien centró su intervención en la idea de continuidad y coherencia del pensamiento que dio origen a Palabras a los intelectuales. Para Campos, el elemento esencial de aquel encuentro fue la unidad entendida desde la diversidad.
Al referirse a un intercambio posterior de Fidel con músicos cubanos, en septiembre de 1961, recordó cómo se buscó superar divisiones entre creadores de distintas tendencias y defender la idea de que todos formaban parte de una misma comunidad artística nacional.
“Lo fundamental de Palabras a los intelectuales es la unidad. La diversidad de la unidad”, afirmó.
Campos subrayó además la importancia de la preparación y del estudio como base para sostener cualquier proyecto cultural. Para ilustrarlo recordó el ejemplo de Juan Almeida, quien, pese a no haber tenido acceso temprano a determinadas oportunidades educativas, desarrolló una importante obra musical. La reflexión apuntó a una idea central: la continuidad de un pensamiento no depende solo de preservar símbolos, sino de formar personas capaces de darle contenido y futuro.
Durante el debate también intervino el artista de la plástica Joel Jover, quien contextualizó las tensiones existentes entre los intelectuales de la época y los temores ante posibles imposiciones culturales como las ocurridas durante el estalinismo. Destacó igualmente la creación del Ministerio de Cultura y el papel de Armando Hart como un momento decisivo para dotar de sentido práctico a los principios expresados en Palabras a los intelectuales.
Al cierre, Walter Simón calificó la fecha como una oportunidad de reafirmar compromiso y participación. Consideró que aquellas palabras constituyen un hilo conductor del proceso revolucionario y llamó a que no permanezcan como una consigna, sino como una práctica concreta.
“Conmemorar 65 años de Palabras a los intelectuales tiene una gran significación y tiene un gran compromiso”, expresó.
El encuentro dejó como eje común una interrogante sobre la permanencia de aquel pensamiento seis décadas después: cómo mantener una cultura viva, diversa y preparada para asumir los nuevos desafíos sin perder la continuidad de sus fundamentos.