CAMAGÜEY.- Los espacios académicos y de intercambio dedicados a la discriminación racial reafirman su validez como plataformas para el diálogo y la sensibilización, pero enfrentan hoy el desafío de trascender enfoques predominantemente históricos o discursivos.
La jornada por el Día Mundial de la Eliminación de la Discriminación Racial desarrollada este 28 de marzo en Camagüey evidenció la necesidad de avanzar hacia una mirada más analítica y sistemática del fenómeno, sustentada en estadísticas, estudios de campo y enfoques de observatorio que permitan evaluar con mayor precisión sus manifestaciones actuales y los niveles reales de acceso a oportunidades en la sociedad.
Con sede en el Centro de Convenciones Santa Cecilia, el encuentro reunió a especialistas de diversas disciplinas en un espacio que reafirmó la validez de estos intercambios, pero también dejó planteado el reto de trascender las aproximaciones eminentemente históricas hacia una perspectiva de observatorio, capaz de dar seguimiento a las manifestaciones actuales de discriminación y a los niveles reales de acceso a oportunidades en la sociedad camagüeyana.
Convocada por el comité provincial de la Ruta de las Personas Esclavizadas, junto a la Dirección de Patrimonio, el proyecto Casa Madiba y las Cátedras Honoríficas José Antonio Aponte y Nicolás Guillén, la jornada se inserta en una conmemoración internacional que tiene lugar cada 21 de marzo.

El programa inició en la Plaza de los Trabajadores, con presentaciones del Coro Vocal Desandann y el Ballet Folklórico de Camagüey, antes de trasladarse al plenario de Santa Cecilia.
Al dar la bienvenida, el organizador Yoelxis Pilliner solicitó un minuto de silencio en homenaje al pintor de origen jamaicano Rodrick Dixon y a Adolfo Machado, presidente de honor de la comunidad haitiana en la provincia, recientemente fallecidos.
Amaury Vázquez, del emprendimiento Casa Madiba, señaló en las palabras inaugurales que “este evento no responde a nostalgias raciales”, una intención que dialoga con la necesidad de situar el debate en el presente, aunque varias de las intervenciones derivaron hacia reconstrucciones históricas del fenómeno.
En ese sentido, la historiadora María del Carmen Véliz abordó los antecedentes desde la colonización y el papel de Bartolomé de las Casas, mientras que el periodista Oreidis Pimentel centró su exposición en la visibilidad de la población negra en el deporte a partir del siglo XX.
Por su parte, la jurista Olivia Casanova analizó la evolución del marco legal cubano, destacando el reconocimiento del derecho a la igualdad desde 1976 y su reforzamiento en la Constitución de 2019, aunque subrayó las dificultades para demostrar jurídicamente la discriminación.
El historiador del arte y presidente de la comunidad haitiana en el territorio vinculó los imaginarios raciales a procesos como la Revolución de Haití y recordó episodios como la Conspiración de Aponte, al tiempo que reconoció la persistencia del fenómeno en la actualidad. También aludió al papel de la UNESCO y del Comité Internacional de la Ruta de las Personas Esclavizadas en la promoción de estos debates.
El moderador Pavel Revelo retomó el origen de la efeméride en los sucesos de 1960 en Sudáfrica y apuntó a la importancia de estudiar con mayor rigor los niveles de acceso a oportunidades, una de las líneas que podría marcar futuras investigaciones.
En el intercambio con el público, el director del Ballet Folklórico de Camagüey, Reinaldo Echemendía, insistió en el papel de la cultura como vía de transformación social.
El encuentro, con la participación de representantes de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Unión de Historiadores de Cuba, la Sociedad Cultural José Martí, la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y la Unión de Juristas de Cuba, confirmó la pertinencia de sostener estos espacios de diálogo.
No obstante, también dejó como saldo la urgencia de complementar el debate con herramientas que permitan observar, medir y evaluar el fenómeno en su expresión actual, más allá de su imprescindible memoria histórica.
Un abordaje más integral del fenómeno también demanda visibilizar a otras comunidades históricamente menos representadas en estos debates, como descendientes de aborígenes y diversos grupos de inmigrantes que han conformado el tejido social cubano. Sus experiencias, igualmente atravesadas por procesos de exclusión, adaptación e identidad, invitan a ampliar el análisis de la discriminación más allá de una sola perspectiva, en función de comprender cómo se articulan múltiples desigualdades y de qué manera pueden ser atendidas desde políticas y prácticas más inclusivas.