CAMAGÜEY.- El Concurso de Coreografía e Interpretación Fernando Alonso In Memoriam confirma, en cada edición, su capacidad de convocatoria dentro de las escuelas de arte en Camagüey. La participación mayoritaria de niños y adolescentes no solo lo demuestra, sino que habla de un espacio que ha logrado insertarse como estímulo real en los procesos formativos.
Ahí hay una fortaleza incuestionable: el certamen está siendo asumido por quienes se están formando. En ellos se percibe el rigor, la entrega y también la necesidad de escenarios donde medir resultados, probar ideas y enfrentarse al público y a los jurados.
Sin embargo, ese crecimiento desde la base contrasta con una realidad cada vez más visible: la limitada respuesta del sector profesional. Si en ediciones anteriores las compañías al menos asomaban propuestas, en esta ocasión la presencia fue notablemente menor. Más que un dato circunstancial, parece una señal que merece atención.
No se trata de desconocer el contexto complejo que atraviesan las instituciones culturales y sus creadores. Pero precisamente en medio de esas circunstancias, el contraste con la implicación de los más jóvenes —que ensayan, crean y participan— deja abiertas interrogantes sobre las dinámicas, motivaciones y prioridades dentro del ámbito profesional.
Quizás el comité organizador tenga ante sí un punto de inflexión: repensar no solo las características del concurso, sino también su alcance y sentido. ¿Qué está premiando hoy el certamen? ¿Qué representa, en términos reales, ese reconocimiento? ¿Cómo dialoga con las expectativas y necesidades de las compañías profesionales?
A esto se suma otro elemento: el intento de ampliar la participación hacia otros territorios mediante el envío de materiales en video. La intención es válida, pero las condiciones actuales de conectividad limitaron su efectividad. A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia de COVID-19, cuando estos mecanismos resultaron funcionales, hoy parecen requerir ajustes o alternativas más viables.
También llama la atención el papel de la Dirección Provincial de Cultura en la entrega de premios colaterales. Si bien estos reconocimientos enriquecen el panorama del concurso —y en algunos casos resultaron incluso más atractivos en términos materiales que los premios centrales—, surge una contradicción: tratándose de una instancia que rige metodológicamente el sistema de instituciones culturales, cabría esperar una articulación más coherente con el comité organizador.
En ese mismo contexto, la Dirección Provincial de Cultura otorgó un Premio Especial a la maestra Regina Balaguer Sánchez, principal impulsora del evento, como reconocimiento a su sostenido empeño en promover la superación profesional de los artistas de la danza, tanto en Camagüey como a nivel nacional.
Más que operar como un actor independiente, su contribución podría integrarse de manera más orgánica al sistema de premiaciones, fortaleciendo la jerarquía y coherencia del evento. Porque, en definitiva, no se trata de iniciativas aisladas, sino de un entramado institucional que debería funcionar de manera articulada.
Un repaso a la relación de premios también deja ver ciertas concentraciones que invitan a la lectura. Nombres como el de la maestra Geisel Agüero Echemendía aparecen de manera reiterada, tanto en la categoría de profesores como en el nivel profesional, además de recibir reconocimientos colaterales. Más que una casualidad, esto habla de la presencia activa de determinados creadores que sostienen, desde múltiples frentes, el quehacer coreográfico actual. Al mismo tiempo, sugiere una interrogante: hasta qué punto esa recurrencia responde a la solidez de estas propuestas —incuestionable en muchos casos— y cuánto revela, también, una participación profesional más limitada de lo deseable.
El concurso ha demostrado que tiene una base sólida y un sentido claro dentro de la enseñanza artística. Pero justamente por eso, por lo que ya ha logrado, parece estar en un momento propicio para revisarse, ajustarse y proyectarse.
Que los más jóvenes lo sostengan con tanta fuerza no debería ser solo motivo de celebración, sino también un llamado de atención. Porque allí donde ellos encuentran un espacio para decir y expresarse, el resto del sistema cultural tiene, quizás, el reto de acompañar con igual compromiso.

PREMIOS CENTRALES
BALLET NIVEL ELEMENTAL
Premio Especial de Interpretación: Beatriz Pérez Saladrigas
Premio de Interpretación Femenina: Aurora Virginia Castañeda Osorio e Irina Beltrán Caballero
Mención: Heidy Lozano Céspedes
Premio de Coreografía:
1ero: Guirnalda – Colectivo de alumnos 1er y 2do año de Ballet de la Vicentina.
2do: Creciendo – Heidy Lozano Céspedes
3ro: Amor Indomable – Marian Paola Castillo Rivero
BALLET NIVEL MEDIO
Premio de Interpretación Masculina: Yerián Rodríguez Castellano
Premio de Coreografía: Supremacía – Hansel Baez Corona
DANZA NIVEL ELEMENTAL
Premio de Interpretación: María Alejandra Batista Herrera, Daniela Ortiz Bouza y Mía de la Caridad Cabrera Betancourt
Premio de Coreografía:
1ro: Mis Raíces – María Alejandra Batista Herrera
2do: Estatua – Daniela Ortiz Bouza
PREMIOS DE COREOGRAFÍA PARA PROFESORES
Ballet: Vita – Diannis González Escalona
Danza: No más – Geisel Agüero Echemendía
PREMIOS NIVEL PROFESIONAL
Premio de Interpretación: Anier Medina Rodríguez
Premio de Coreografía: Geisel Agüero Echemendía
PREMIOS COLATERALES
PREMIOS DIRECCIÓN PROVINCIAL DE CULTURA:
Interpretación Femenina Nivel Elemental: Beatriz Pérez Saladrigas y María Alejandra Batista Herrera
Interpretación Masculina Nivel Medio: Yerián Rodríguez Castellanos
Premio de Coreografía - Estudiantes:
Mis Raíces – María Alejandra Batista Herrera
No Más – Geisel Agüero Echemendía
Creciendo – Heidy Lozano Céspedes
Premio de Coreografía - Profesional: Nboke – Geisel Agüero Echemendía
Mención: Pájaro Azul – Evelyn Sotomayor
Reconocimiento Especial: Geisel Agüero Echemendía
PREMIOS CÁTEDRA FERNANDO ALONSO:
Premios de Interpretación: Heidy Lozano Céspedes, Evelyn Sotomayor Acuña, Beatriz Pérez Saladrigas y Yerián Rodríguez Castellanos
Premio de Coreografía: Supremacía – Hansel Báez
PREMIO UNEAC:
Por la Coreografía e Interpretación: María Alejandra Batista Herrera, con la obra Mis Raíces.