CAMAGÜEY.- Cuando Germán Velazco comienza a contar su historia, la conversación deja de ser una entrevista para convertirse en un recorrido por varias décadas de la música cubana. Saxofonista, flautista, arreglista, productor y una de las figuras imprescindibles del jazz y la música popular bailable de la Isla, el músico llegó a Camagüey invitado a la segunda edición del Jazz Príncipe, donde compartió recuerdos, anécdotas y reflexiones sobre una trayectoria que lo llevó desde las aulas de la Escuela Nacional de Arte hasta agrupaciones emblemáticas como Irakere, NG La Banda y la banda de Pablo Milanés.
TODO COMENZÓ EN CAMAGÜEY
Recuerda con especial cariño a Carmelo Álvarez, uno de sus primeros profesores. “Llegaba con su sombrilla porque llovía mucho aquí en Camagüey y con su guayabera de lacito. Era de esas personas que inspiraban respeto”, comenta.
La música estaba presente en su entorno familiar, aunque de una forma muy particular. Su tío tenía una tintorería y tocaba la trompeta. Su padre también era músico. Su madre, en cambio, no sabía leer música ni tocaba instrumento alguno. Sin embargo, desempeñó un papel fundamental en su formación.

“Mi papá le tocaba a mi mamá las lecciones que yo tenía que estudiar en clarinete para que ella se las aprendiera de oído. Entonces, cuando yo me equivocaba, era ella quien decía: ‘eso está mal’. Fue increíble”.
A los once años obtuvo una beca para estudiar en la Escuela Nacional de Arte (ENA), después de participar en un concurso de clarinete en La Habana. Allí comenzó una etapa decisiva.
“La ENA era impresionante”, recuerda. Entre los músicos con los que coincidió menciona a futuros referentes de la música cubana como Arturo Sandoval, José Luis Cortés “El Tosco”, Jorge Luis Pacheco, Brito y muchos otros que más tarde protagonizarían importantes capítulos de la escena nacional.
Su paso por la escuela estuvo marcado tanto por el aprendizaje como por la indisciplina.
“Yo tengo un récord único: me botaron dos veces de la ENA y me recogieron”, dice entre risas.
Atribuye buena parte de esa segunda oportunidad a Osvaldo González, considerado fundador de la cátedra de saxofón en Cuba y entonces jefe de la cátedra de vientos.

LA BANDA QUE CAMBIÓ SU DESTINO
Sin concluir sus estudios en la ENA, Velazco encontró otra escuela en la Banda del Estado Mayor.
Fue allí donde comenzó a tocar la flauta de manera profesional gracias a Alfredo Portela, a quien describe como “una dama de persona”, y donde recibió una de las enseñanzas que más marcarían su carrera.
“Arturo Sandoval fue quien me enseñó a improvisar. Yo eso lo desconocía completamente”.
La relación entre ambos se mantiene hasta hoy. Velazco habla de Sandoval con admiración y afecto.
“Arturo fue mi papá musical. De hecho, él fue quien me llevó para Irakere cuando se quedó la plaza que había dejado Paquito”.
REVÉ Y LA UNIVERSIDAD DE LA CALLE
Antes de incorporarse a Irakere, Germán Velazco pasó tres años en la Orquesta Revé, entre 1976 y 1979.
Aquella experiencia le permitió descubrir el universo de la música bailable desde dentro.
“Empiezas a conocer la calle y el mundo del bailable. Tocábamos carnavales durante meses. Salíamos en junio y regresábamos en septiembre”. También aprendió la exigencia que implica tocar la flauta en una charanga.
“Después de los cantantes, la flauta es lo más importante. Ellos te anuncian y tú empiezas a tocar. Sigues tocando y tocando mientras ellos ni te miran. Es una esclavitud, pero fue una enseñanza extraordinaria”.
De Revé conserva además una relación personal entrañable: el director de la agrupación fue padrino de su primer matrimonio.

EL JAZZ EN TIEMPOS DIFÍCILES
Velazco también recuerda una etapa poco conocida de la historia musical cubana: los años en que el jazz apenas encontraba espacios para desarrollarse. Uno de esos refugios fue el club Johnny's Dream, en La Habana.
“Por allí pasaba todo el mundo: Chucho, Arturo, Paquito, Pablo Menéndez. Era el lugar donde se tocaba jazz cuando prácticamente estaba prohibido”. Aquellas descargas nocturnas serían decisivas para su futuro. “Gracias a eso entré en Irakere. Gracias al jazz”.
IRAKERE, UNA UNIVERSIDAD
Cuando habla de Irakere, Velazco no oculta la emoción.
“Irakere fue una universidad para todos los músicos que pasaron por allí”.
Para él, la agrupación liderada por Chucho Valdés representó mucho más que
un conjunto musical.
“Allí no solo aprendías a tocar. Aprendías a escribir, a arreglar, a entender la sonoridad de una agrupación. Uno llega con conocimientos, pero allí se consagra”.
También recuerda el papel fundamental de Oscar Valdés, a quien los músicos llamaban “el administraidor”.
“Chucho se ocupaba de la música. Oscar era quien garantizaba la disciplina y el funcionamiento del grupo”.
Durante aquellos años participó en extensas giras internacionales y vivió la consolidación mundial de una de las agrupaciones más importantes de la música latinoamericana.
EL NACIMIENTO DE NG LA BANDA
En 1987 decidió abandonar Irakere por voluntad propia. La razón principal fue la posibilidad de emprender una nueva aventura junto a José Luis Cortés.
“Nosotros queríamos hacer algo diferente”.
Aquella idea terminó convirtiéndose en NG La Banda.
El proceso no fue sencillo. Fueron necesarias decenas de reuniones institucionales hasta conseguir una plantilla oficial que permitiera la creación del grupo. Sin embargo, una vez constituida la agrupación, el impacto fue inmediato. “Entre 1988 y 1990 aquello explotó. El primer disco fue un fenómeno”.
Velazco participó como músico y arreglista en una etapa que resultó fundamental para la transformación de la música bailable cubana. No obstante, mantiene una postura crítica respecto al término “timba”.
“Yo nunca he estado de acuerdo con llamarle género musical. Timba es una expresión popular. Lo que hacían NG, Van Van, Isaac Delgado o Adalberto Álvarez no era lo mismo. Meter todo eso en el mismo saco es simplificar demasiado”.
PABLO MILANÉS: LA MEJOR ETAPA
Si existe una etapa que Germán Velazco considera especialmente significativa, esa fue la que vivió junto a Pablo Milanés.
“Fue la mejor etapa de mi vida como músico”.
Durante veinticinco años integró la agrupación del cantautor.
“Prácticamente vivíamos en Europa. Ensayábamos en enero y después salíamos de gira durante todo el año”.
Más allá del prestigio artístico, destaca la calidad humana de Milanés.
“Pablo ayudó a muchísima gente. Compró instrumentos, ayudó a grabar discos, aportó equipos para instituciones culturales y hospitales. Lo hizo muchas veces de su propio bolsillo”.
También elogia al director musical Miguel Núñez, a quien considera un genio por su capacidad para reinventar constantemente los arreglos de canciones conocidas por generaciones de cubanos.
PRODUCTOR POR NECESIDAD Y VOCACIÓN
A lo largo de los años, Velazco ha desarrollado una intensa labor como productor musical.
Participó en grabaciones de artistas y agrupaciones tan diversas como la Orquesta Maravilla de Florida, Vania Borges y Anaís Abreu.
Sin embargo, reconoce que en Cuba muchas veces la producción musical responde más a las necesidades económicas que a las preferencias estéticas.
“Aquí se produce de todo. Lo que aparezca. Es la realidad”.
Aun así, confiesa una inclinación especial por la canción y por los proyectos donde puede desarrollar una visión artística más amplia.

EL FUTURO PASA POR CAMAGÜEY
La conversación concluye donde comenzó: en Camagüey.
Velazco considera que la ciudad posee una tradición cultural excepcional dentro del país y observa con optimismo el crecimiento del Festival Jazz Príncipe.
“Lo bueno que tiene este festival es que va a seguir”.
Está convencido de que la iniciativa atraerá cada vez a más músicos y más público.
“Aquí hay talento y hay nivel. Más músicos se van a interesar por venir”.
Incluso adelanta proyectos futuros que podrían vincular nuevamente a la ciudad con importantes figuras del jazz cubano.
Velazco adelantó además que espera regresar a Camagüey antes de que concluya el año. Según explicó, existen conversaciones para que la ciudad acoja importantes iniciativas vinculadas al jazz cubano y le gustaría participar con uno de sus proyectos más recientes.

“Debo regresar a finales de año porque quieren nombrar a Camagüey como sede del festival de jazz. Víctor Rodríguez me quiere mandar de jefe para acá. Yo quiero venir con mi quinteto, el Cuban Sax Quintet. Tenemos un trabajo con orquesta de cámara que queremos mostrar aquí y, si es posible, estrenarlo en Camagüey. Hacer una primera parte con la orquesta y una segunda solamente con el quinteto sería algo muy bonito”.
Para el músico, la consolidación de espacios como Jazz Príncipe pasa también por el intercambio entre generaciones y la presencia de artistas de distintas regiones del país. “Hay muchachos jóvenes con muchísimo talento en Santiago de Cuba, Santa Clara y La Habana. Todos esos músicos hay que traerlos para acá”, afirmó.
“Hay que traer músicos jóvenes, hay que crear espacios. Este festival no puede morir. Es el festival de la región”.
Lo dice alguien que ha visto pasar buena parte de la historia reciente de la música cubana desde dentro. Al escucharlo, resulta difícil no creerle.