CAMAGÜEY.- El título ya era una declaración de intenciones: “Manual de Supervivencia para Artistas Gráficos (en un mundo que no entiende tu fuente tipográfica)”. Y quizás por eso resultó tan pertinente dentro del segmento teórico de las XVI Jornadas ArteCómic 2026, en el Complejo Audiovisual Nuevo Mundo.
Ramón Ochoa abrió la sesión del jueves, frente a un auditorio integrado mayormente por estudiantes de artes visuales de la Academia Vicentina de la Torre. El gesto no fue menor: más que una ponencia, lo que ofreció fue una guía práctica. Un mapa.
Habló desde la experiencia acumulada —desde el error, el ensayo, la reinvención— y lo hizo con una honestidad poco frecuente. Muchas de las herramientas que compartía le habría gustado escucharlas al inicio de su carrera. Ese acto de compartir “los trucos del oficio” sin reservas convirtió la conferencia en algo más que un listado técnico: fue un ejercicio de acompañamiento generacional.
Su “manual” se estructuró en cuatro núcleos esenciales: dominar las herramientas (no solo tener los programas, sino saber usarlos con fluidez); automatizar procesos para ganar tiempo y claridad mental; identificar el propio ADN creativo; y entender que el artista también debe pensar estratégicamente su inserción en el mercado, tanto local como internacional.
Pero quizá lo más relevante fue el cambio de enfoque: dejar de verse únicamente como creador y comenzar a pensarse también como alguien que ofrece soluciones. “No les vendía mi ilustración, sino lo que les iba a ahorrar”, explicó al hablar de su trabajo con negocios, estudios de tatuaje o creadores de contenido. La ilustración, en este contexto, no es adorno: es comunicación, identidad, posicionamiento.

Durante su intervención también compartió experiencias en el ámbito editorial, uno de los terrenos que más le interesa, aunque reconoce que en Cuba ofrece pocas oportunidades. Recordó su trabajo de dos años a partir de 2018 en Lima, Perú, dentro de una editorial escolar, etapa que calificó como “la forja del ilustrador”.
En tiempos donde la inteligencia artificial irrumpe en los procesos visuales, Ochoa fue claro: la tecnología puede replicar estilos, pero la diferencia sigue estando en la voz propia, en la coherencia, en el discurso y en la capacidad de conectar con un público definido. “La IA puede generar algo específico, pero no puede generar tu chispa”, afirmó.
La mañana continuó con la conferencia “La historieta en Cuba tiene historia”, impartida por Eddislén Escobar Nodal, quien además da el taller de Narrativa Gráfica en la propia Academia Vicentina de la Torre. Escobar defendió la existencia de una tradición sólida dentro de la narrativa gráfica nacional, con autores, publicaciones y personajes que forman parte del imaginario cultural cubano. Escobar insistió en la necesidad de estudiar, documentar y visibilizar ese recorrido para comprender el
presente del medio.
Su trayectoria —que incluye su participación en el equipo cubano del proyecto Krónicas— dialoga con esa idea de profesionalización y rigor. Si Ochoa habló de cómo sostenerse, Escobar habló de antecedentes y de por qué importa saberlo.
Ambas intervenciones se complementaron en un punto esencial: hoy el artista gráfico no puede limitarse al talento. Debe dominar herramientas, comprender narrativas, gestionar su obra, conocer su público y, al mismo tiempo, sostener una identidad clara.
En un mundo donde la imagen es cada vez más decisiva —en redes, en emprendimientos, en publicaciones, en eventos culturales— la figura del artista gráfico adquiere un papel estratégico. No solo ilustra: construye sentido, memoria y marca.
Quizá por eso el “manual de supervivencia” no fue solo para sobrevivir. Fue, en realidad, una invitación a profesionalizar el sueño.